Alguna vez habrán sabido de esa prueba psicológica que consiste en decir qué ven o intuyen en unas extrañas figuras impresas y simétricas. Es el test de Rorschach y lo utilizan psicoanalistas y psiquiatras para barruntar cómo andan de la mollera sus pacientes, a base de interpretar lo que les sugieren tan abstractos dibujos. Unos dicen, por ejemplo, que aquello les parece una mariposa; otros, que está claro que son las siluetas de dos chicas desnudas; los más introspectivos quizás aventuren que pueda ser la radiografía de una vértebra lumbar, y los menos imaginativos confesarán que sólo ven una mancha de tinta. Todo vale, porque en realidad no es nada concreto y lo es todo a la vez.
Ahora, con ocasión del proyecto de instalar en el idílico valle de Les Alcusses-Els Alforins una macroplanta de tratamiento e incineración de basuras, y la posterior decisión del conseller de Medio Ambiente de frenar tal barrabasada, muchos se preguntan cómo es posible que se llegara hasta la orilla misma de cometer un atentado de tamaña magnitud, sin que se disparara antes alguna alarma oficial, cuando existen tantos organismos, mecanismos y voluntades políticas que, supuestamente, y por lo que predican de continuo, están por la labor de evitar justo lo que iba a ocurrir.
Pues la respuesta está, seguramente, en eso, en que hay demasiados organismos y voluntades sobre estos asuntos, y al final, unos por otros, la casa por barrer. Demasiada burocracia, excesivas complicaciones para analizar, remirar las cosas más sencillas y evidentes y llegar a ninguna parte.
Como en el test de Rorschach, si ponemos a un grupo interdisciplinar de técnicos ante un territorio, unos verán un magnífico paisaje para pintar o fotografiar o dirán que es el hábitat de la lagartija parda; otros dirán que es idóneo para campos de golf rodeados de chalets adosados y hoteles con spa; alguno intuirá que aquel terreno, con un microclima especial, será apropiado para producir kiwis, grandes vinos o tomates raf; el más intelectual sabrá ver en las viejas piedras que puede encontrar restos arqueológicos por explorar, y el ingeniero más pragmático adivinará enseguida que un suelo barato, arcilloso e impermeable, sin rocas que impidan excavar y próximo a la autovía, es sitio ideal para un vertedero. Y todos tendrán su razón. El problema es que la Administración mastodóntica funciona así y le cuesta superponer todas las interpretaciones del test para valorar el conjunto y priorizar cuanto antes. Es tan grande y amorfa que queda lejana y le cuesta moverse, y han de ser los ciudadanos de a pie, los que pisan la tierra y la sienten, quienes alerten y se rebelen. Como siempre.
Font:
www.lasprovincias.com

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